jueves, 4 de noviembre de 2010

Motivación

En esta vida hace falta una motivación para todo. Según para qué cosas, la motivación habrá de ser mayor o menor. Además, también dependerá del sujeto, que puede necesitar más o menos nivel de motivación en función de su implicación, de su autoestima, etc. 

Ahora que estoy intentando ser constante en los quehaceres del correr, y a unas horas que para qué, es muy importante estar motivado, con ganas, con esa fuerza de voluntad que a veces es definitoria. Pues la verdad es que en estos días estoy como un tiro. Me siento con más ganas que nunca, motivadísimo, tanto que en estos dos días que voy a descansar de correr ya casi estoy deseando que llegue el sábado para volver a salir, y pensando en si hacer cuestas, o carrera contínua rapidilla o unos intervals. En fin, que parece que estoy preparando una olimpiada. Pero no, también he de darme cuenta de que eso no es así y de que debo seguir con los pies en la tierra, con mis entrenos tranquis, con paciencia.

Ayer volví a repetir un entrenamiento con unas pocas cuestecitas de mi Mijas nocturna. Bien, cada día me siento mejor, más cómodo a esa velocidad (baja, pero más cómodo, eso es señal de que vamos P.A. - Progresando Adecuadamente). Incluso, tengo ganas de más, de ir más rápido, de subir más cuestas, pero el tiempo es el que es. Cuando sonó la campana de la iglesia a las 6.30 de la madrugada tuve que acelerar para no tardar mucho en llegar a casa. Al final hice 39 minutos con varias cuestas importantes. Bien, satisfecho. La anécdota de la mañana vino al poco de comenzar a correr, en torno al minuto 3. Me dió un apretón, que intenté reprimir hasta regresar a casa, pero con la segunda contracción pensé: éste ya está aquí, el niño llama a la puerta, así que me volví unos metros hasta un pinar que hay junto a la carretera y allí planté ... otro pino. Claro, a esas horas no se ve un pijo y yo no me podía subir las mallas así como así, y las hojas de los pinos (esos bastoncitos finísimos) tienen poco poder limpiador y de absorción, así que tengo que dar gracias a que pude coger varios trozos de la corteza del tronco de los pinos y pude minimizar los daños colaterales para la ropa técnica. Ahora bien, al llegar a casa recordé que esos bordecitos de la corteza eran un poco puntiagudos y el escozor iba en aumento, así que le tuve que pedir a mi peque Olivier que me prestara un poco de cremita para el culito ...

Dejando de lado los datos curiosos, me despido, deseándoos mucha salud y mucha alegría, que jase muchísima fartita.

Paz y Amor

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